La parte más lenta de la contabilidad de carbono no es el cálculo, sino la introducción de datos. Cientos de facturas, albaranes y tablas — cada uno leído y clasificado manualmente. Ahí es exactamente donde entra el motor de Carbonlogy.

El proceso consta de tres capas. Primero, el escaneo de documentos: las facturas cargadas se convierten en datos estructurados mediante reconocimiento óptico de caracteres y análisis de formato. Se extraen los campos de proveedor, importe, unidad y fecha.

A continuación, la clasificación automática: cada línea se asigna a una categoría de emisiones y al factor de emisión correspondiente. El modelo utiliza el contexto sectorial y tus correcciones históricas para reforzar su predicción.

La última capa es la más importante: la supervisión humana. El sistema asigna una puntuación de confianza a cada asignación; las de puntuación baja pasan a una cola de revisión. La inteligencia artificial no toma la decisión — la acelera y deja un rastro.

¿Por qué la capa humana?
Un inventario listo para auditoría debe poder mostrar de dónde proviene cada cifra. Carbonlogy registra cada decisión automática para que un auditor pueda rastrearla paso a paso. La automatización no reduce la transparencia — la aumenta.

— Burak, mayo de 2026